Cien alas de cera

Si pudiera volaría más alto.

Gratitud

Recibir muestras de gratitud, en ocasiones, puede resultar más poderoso que el pedido de disculpas. Esa noche me dijo “gracias” y provocó lo mismo que un golpe amnésico. Quizá, el agradecimiento, sea la cura contra el rencor.

Cocina

Los dos incendios que se llevaron sus libros le apagaron la mirada. Esa tarde, con los ojos enfurecidos prometió, apuntando a la nada, reconstruirse usando a su enemigo, el fuego.

Sólo cuando llega a la cocina encuentra el sosiego mientras mira cómo las llamas transforman los exquisitos bocados que inventa y aliña con hastío, bronca, desesperación y la pasión histriónica de su corazón chiflado.

Mira a los comensales devorar las delicias, extasiados desde el primer mordisco, y siente que recupera cada una de las historias leídas, se reencuentra con el alma que olvidó en un tizón.

Callada

Los campanazos estremecedores que me incomodaban enmudecieron y, tal como suponía, el silencio comenzó a inquietarme. Apagado el fervor, los recuerdos se tornaron bondadosos y hasta olvidé mi insistencia por callarla.

Respuestas

Quise poner en práctica la teoría que asegura una vida más simple y saludable cuando interpretamos silencios en lugar de pedir respuestas.

No obtuve buenos resultados, pero conseguí confirmar que la distancia infinita que trazan el olvido y la indiferencia es aturdidora.

Sospecho que sólo la luz de las respuestas trae consigo el hallazgo del silencio. Forzar lo contrario supondría una pose que sazonaría el ruido.

Empatía

Las decepciones nos amordazan el alma y queremos salir a gritar con desesperación para liberar todas las emociones que nos afloran a borbotones. Aparecen la frustración, la rabia, el desaliento, la tristeza y tantos otros sentimientos que nos quedamos sin conceptos para definir lo que nos pasa.

Son esos momentos en los que, generalmente, actuamos irracionalmente, presos de impulsos y casi siempre nos arrepentimos y hasta avergonzamos de lo que decimos, de lo colorado y acalorado de nuestros rostros, de lo vehementes y ridículos que nos vemos. Estamos ciegos, apáticos, desmedidos.  Leer el resto de esta entrada »

Reencuentro

Los reencuentros acomodan los rencores y los tamizan, el ego queda confundido, la piel ajada y el alma dulce.

Pero, ¿quiénes somos los que nos encontramos? Aquellos que dejamos de vernos hace años seguramente no, porque el tiempo algo debería habernos transformado. Leer el resto de esta entrada »

Punto

Hay un punto en el que las ideas se aclaran, desde donde debemos arremangarnos y decidir si tomamos para allá, para acá o para aquel otro lado. Y allí, después de haber oído infinitas voces, internas y externas, es cuando nos quedamos solos, más solos que cuando nacimos, incluso más que cuando vayamos a morir.

Elegir nos sumerge en la más profunda soledad. Es que el punto por el que decidamos nos alejará del resto de las opciones. Nos empequeñecerá o enaltecerá, según los diversos puntos de vista, pero lo claro es que no pasará inadvertido, en algún punto nos modificará. Leer el resto de esta entrada »

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