Reencuentro

por CienAlasDeCera

Los reencuentros acomodan los rencores y los tamizan, el ego queda confundido, la piel ajada y el alma dulce.

Pero, ¿quiénes somos los que nos encontramos? Aquellos que dejamos de vernos hace años seguramente no, porque el tiempo algo debería habernos transformado.

Y estos que somos ahora, ¿qué tienen en común para hacernos sentir cercanos? Los recuerdos, las heridas, las risas, los resentimientos y el afecto ya apagado, cubierto con un manto de polvo. Todo eso no basta.

Ahora quienes intentamos unir los trozos de un espejo estallado somos otros, distintos, con nuevas cicatrices, con otras alegrías. Si hasta nos cuesta identificar los motivos que nos alejaron.

Hoy, todo está aplacado, el fuego y la indiferencia; las miradas suaves derraman cariño, las sonrisas son austeras y los gestos fraternos.

Las voces sobran, entendemos todo con un atisbo que nos aclara esas cuentas pendientes, las que nos impedían dormir en nuestras camas vacías y que la almohada también se negaba a resolver.

Entendemos con naturalidad que ya no nos pertenecemos, que no volveremos a sentir el viento hirviendo que generaban las caricias, que las canciones ahora son de otros y los abrazos solo vendrán disfrazados.

Nos vamos con la certeza de volver a vernos, aunque ya sin esperanzas inútiles. Nos despedimos con un beso en la cara y, como aquella vez, con el dorso de mis dedos resbalando por tu mejilla que ahora no está empapada de lágrimas y tus labios connotan gratitud.

Anuncios