Cocina

Los dos incendios que se llevaron sus libros le apagaron la mirada. Esa tarde, con los ojos enfurecidos prometió, apuntando a la nada, reconstruirse usando a su enemigo, el fuego.

Sólo cuando llega a la cocina encuentra el sosiego mientras mira cómo las llamas transforman los exquisitos bocados que inventa y aliña con hastío, bronca, desesperación y la pasión histriónica de su corazón chiflado.

Mira a los comensales devorar las delicias, extasiados desde el primer mordisco, y siente que recupera cada una de las historias leídas, se reencuentra con el alma que olvidó en un tizón.